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AFTERNIETZSCHE, AFTERPOP |
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1 Escribir mi filosofía, escribir mi obra principal, mein Hauptwerk. [¿Quién puede hablar de esta manera? ¿Quien puede tener la valentía o la temeridad de decir algo semejante? Imagínemonos, si podemos, al tendero de la panadería, al conserje de la oficina, a mi madre, a cualquier otra persona normal, una persona, diciendo o escribiendo esas palabras] Para eso uno debe retirarse al desierto, desoír las llamadas de las Sirenas y beber la Nada hasta el hartazgo. Pero la Nada sólo es nada si hay un Todo. Por eso es mejor despojarse también de este lenguaje, por eso mejor decir: llenarse de silencio, hasta que éste sea tan estruendoso, doloroso y cegador que, sin quererlo, balbuceemos una primera palabra. Pero no para acallarlo, pues el silencio no es ningún pecado del cuál pretendamos librarnos acallando, amordazando la conciencia, la mala conciencia; más bien para poderlo oír poniendo a su lado un sonido salido de nuestras entrañas vaciadas de ecos y ruidos distorsionadores. En medio del casi silencio del casi vacío de una apatía querida y purificadora. Retirarse al desierto, esto es: hacer tabula rasa con la vida anterior, si no fuera porque “hacer tabula rasa” también es del lenguaje del que hay que despojarse. Porque “empezar de cero”, hacer un reset con todo lo habido hasta el momento, es ya no una decisión metodológica, sino una ilusión que contaminará todo lo posterior de la añoranza de un más-allá no tocado por la imperfección del acá. El comienzo absoluto, el comienzo ex nihilo, no es casualidad que se atribuya al Dios todopoderoso y creador de la tradición judeo-cristiana; sólo Él crea de la nada, pero nosotros podemos hacerlo por analogía, a pequeña escala y, de alguna manera, eso es lo que debemos. Este deber hacer que se ha impuesto desde siempre como un imperativo ético-religioso ergo político, no es un programa para nuestro hacer vital al que hemos llegado por nosotros mismos, solos en el silencio, sin ruidos ni cantos de las Sirenas, sino, y muy al contrario, la frase en la que brota nuestro remordimiento; en el fondo, allá a lo lejos, en el fondo de la motivación, el remordimiento por hacer algo por nosotros mismos y sentirnos avergonzados de no hacerlo por el Padre, nuestro padre, el Superyó que nos creó pero que ahora nos oprime; remordimiento que nos vela el verdadero hacer y, a la vez, nos confunde haciéndonos creer que lo hacemos (y así no se ve la necesidad de cambiar de “hacer”). Pero el verdadero “deber hacer” dice: no creamos o hacemos de la Nada, sino que nos creamos a nosotros mismos, a nosotros y a nuestro Mundo, porque el Mundo sólo es en cuanto está-ahí. No tiene ningún sentido añadir aquí la objeción de que “el Mundo está ahí independientemente de nosotros”, pues “independientemente de nosotros” también somos nosotros que lo decimos. Tal vez sonará menos teológico si lo expresamos así: “nos construimos a nosotros mismos,…”. “Construir” es más aceptable en este siglo que “crear”. Crear sólo crean los artistas, que ya se sabe que es inútil lo que crean, y construir lo hacen los operarios, técnicos, ingenieros de barcos, aviones, coches, trenes, televisores, teléfonos, transistores, radiadores, micro-ondas y despertadores, entre otros cachivaches que, salvo emotivos y patéticos cantos robinsonianos a la vida natural, nos apuntalan la vida. Se habla de “construcción social de la realidad”, de “construcción social de la percepción” y de la “construcción social”, que, así de a secas, quiere decir “construcción social de la sociedad”. ¿No se podría decir del mismo modo “construcción yoica de la yoidad”? ¿Construcción de eso que es (que existe, que es lo contrario de “nada”, que suele escribirse en los libros de filosofía en mayúsculas, esto es: “Es”) por parte de-nosotros (debemos ser educados y acordarnos, en nuestras relaciones sociales, de aquello de “el burro delante, para que no se espante”), de-yo, de eso que ahora está pensando y escribiendo estas líneas? hacer. Si lo tomamos no como una metáfora o un imperativo, sino como un programa vital, entonces no sólo hemos fabricado una ilusión, sino que nos la hemos creído olvidándonos de su origen. Hacerse trampas a uno mismo jugando al solitario. No sabemos si Friedrich Nietzsche pretendió decir alguna de estas cosas, tampoco sabemos si hubiera encontrado significado a [si sería significativo para el] lo que es realmente (que es lo que cree el “sentido común”, este sería aquí el significado de “realmente”) un galimatías. Pero esto es a lo que (me) lleva a pensar la conferencia del profesor XX (esto me recuerda al primo del candidato a presidente de la nación, por tanto lo dejamos en incógnita a quien me refiero) a la que asistí hace un par de noches. Por eso puede decirse: no a que es una interpretación de Nietzsche (a partir de algún escrito), no a que es una interpretación de lo que dijo el profesor XX sobre lo que pensaba Nietzsche o suponemos que pensaba Nietzsche; sí es una elucubración, casi una sesión de “asociación libre de ideas” tumbado en el diván, a partir de unas palabras dichas y oídas en un ambiente determinado, con una predisposición determinada, con un nivel de escucha determinado, con unos pensamientos acelerados-en-medio-de-escuchar-e-interpretar-la-conferencia-viendo-la-cara-del-público, y resto de circunstancias concomitantes a la elucubración. Si tiene algún significado no lo sé; para mí/aquello-que-soy el hacerlo/pensarlo/vivirlo/parirlo/crearlo/construirlo/serlo "tiene sentido" en cuanto es lo que es/soy. Este es el ser/Ser (el que está siempre creando/se, el Ser pensado por Nietzsche, tal vez, espero que sí, que no equivocarme, como Übermensch), que siempre es/Es, y en el que está el Mundo/todo el Mundo. Lo demás es nihilismo. 2 Se presenta el cuarto volumen de los papeles póstumos de Friedrich Nietzsche, los que pertenecen al tiempo inmediatamente precedente a su hundimiento mental en una plaza de Turín. Forma parte del proyecto de traducción íntegra de los papeles póstumos editados por Colli y Montinari, la edición de referencia de esta parte de la obra de Nietzsche, como lo es en la edición de sus escritos publicados. La edición sigue un criterio estrictamente cronológico a la hora de editar los fragmentos, sin dejarse llevar por los distintos índices esbozados por N., fluctuantes en cuanto a su título pero también a su organización. El motivo cabe achacarlo a la indefinición de N. entre "Transvaloración de todos los valores" y "Voluntad de poder" no ya como título, sino como elemento clave de la obra. Algunos otros elementos se mantienen en los diferentes planes: la división en cuatro libros y el que el segundo está dedicado al Nihilismo. La primera edición que se realizaó de estos fragmentos fue la del Nietzsche Archiv dirigida por la hermana. Los fragmentos se publicaron bajo el título de "La voluntad de poder" y la ordenación de los fragmentos fue temática sin muchos escrúpulos. El traductor de esta versión al castellano es Juan Luis Vermal. |
| 2007.11.25 | |
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last update: 18/8/2008 |