
Max (Ferdinand) Scheler (1874-1928) nació y desarrollo prácticamente toda su carrera en el sur de Alemania. Formado en la prestigiosa universidad de Jena, donde se habilitó en 1901, para seguir cursando estudios en Munich, ciudad en la que se había establecido un sólido nçucleo de intelectuales interesados en la fenomenología de Husserl. Después de la Primera guerra mundial se estableció en Colonia para ser, a los 45 años, profesor titular en la universidad, ciudad que sólo dejó el año de su muerte para incorporarse a la universidad de Francfort. Coincide en ello con otros insignes intelectuales de su época, en los que su vasta influencia se ejerce no única ni directamente desde la cátedra universitaria, a la que acceden tarde o no acceden, sino por su presencia a través de publicaciones e intervenciones públicas. Fue considerado uno de los más eminentes discípulos del fundador de la fenomenología, aunque siguiendo rutas muy distintas del maestro, pasando su pensamiento por varias fases con cambios pronunciados. Sin embargo, y esto es lo que identifica su pensamiento, siempre se movió en el campo de la filosofía de la cultura y de la antropología en un sentido amplio. Así deben entenderse sus aportaciones en teoría de los valores, sociologia del saber, filosofía de la religión, etc., campos en los que publicó obras consideradas fundamentales en las respectivas especialidades, siempre conectadas y con la vista puesta en el que fue su problema teórico fundamental y central: el del hombre.
El campo de la antropología es, consecuentemente, uno de los más importantes y cuantitativamente más extensos de su producción. A la vez uno en los que ejerció y ha ejercido más influencia, destacando su producción por el intento de sintetizar una teoría que volviera a pensar la cuestión de la esencia del hombre (en una época como la suya marcada por la profunda crisis que recorrió la Europa de entreguerras) unida con una especial atención a la aplicación de este pensamiento a los problemas más urgentes que se le planteaban a la cultura (como la europea de aquell momento, que se entendía ella misma como una cultura en decadencia y que era necesario revitalizar). Valga como ejemplo o detalle del contexto el hecho de que Oswald Spengler, autor de la famosísima obra La decadencia de Occidente, de tanta influencia en aquél momento y no solo en Alemania (recordemos el caso de Ortega y Gasset en España), pertenece a la misma generación, a la misma región geográfica, y la obra se publica entre 1818 y 1822, el período más fecundo de Scheler.
Fruto de su intención de volver a pensar cual es la esencia del hombre y cual es su relación con el mundo que le rodea, en aquél momento una relación tan problemática, es el libro El puesto del hombre en el cosmos (1928). De inmediato éxito, tras la muerte del autor el mismo año de la publicación, la obra se convirtió en punto de referencia de una antropología filosófica renovada y de corrientes de pensamiento que siguieron su planteamiento hasta convertirla en la obra fundacional de la antropología filosófica moderna que actualmente se investiga en la universidades.
La líneas fundamentales esbozadas en esta obra se concretan en intervenciones sobre problemas y cuestiones concretas, la más frecuente de las cuáles fue para Husserl el tema de la guerra y del militarismo. Primero por su inmediatez como problema (una Europa salida de una sangrante guerra y perceptiblemente preparándose para otras) y después por su conexión con el tema (¿es el hombre fundamentalmente un ser animal y, por tanto, agresivo, por el contrario, es un ser cultural y social?). Fruto de estas intervenciones es la conferencia La idea de la paz y el pacifismo, pronunciada en Berlin en 1927, y no publicada hasta después de su muerte. Las dos obras conjuntamente ofrecen una visión clara de las preocupaciones de Scheler y, por extensión, de la cultura europea de ese período tan importante pero a la vez tan difícil, respecto de temas que no sólo no han cesado de aparecer como interesantes sino incluso actuales y de una inmediatez más que evidente.
El puesto del hombre en el cosmos es, para resumir, un "clásico" en toda su extensión. En alemán no se dejó de reeditar desde el momento de su aparición (salvo los años más duros del régimen hitleriano) y hoy puede encontrarse tanto en la edición de las Obras completas de Scheler como en múltiples ediciones sueltas. Igual ocurre en otras lenguas. La otra obra fue prohibida de inmediato después de la toma de poder por Hitler, pero una vez superado el período se ha incorporado igualmente a la tendencia continua a la edición y reedición tanto en alemán como en otras lenguas.