ESPACIO Y TIEMPO EN LA PANTALLA


"Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son desde hace veinte años lo que eran desde siempre". Estas palabras de Paul Valèry, escritas en La conquista de la ubicuidad (1928), deben tomarse literalmente. En apenas tres páginas Valèry da por finiquitados muchos e importantes conceptos estéticos tradicionales, incluso el de "Arte". El poeta (tal vez precisamente por ser poeta) proyecta algunas imágenes brillantes de gran acierto predictivo y gran potencial heurístico. No es aquí el espacio para analizar el ensayo de Valèry (fragmentariamente lo hemos ido haciedo en textos varios). Simplemente queremos llamar la atención sobre algunos detalles de la frase citada y extraer algunas consecuencias que puedan ser interesantes para el cine y la televisión.

Primero. El título. Se conquista uno de los atributos tradicionalmente atribuidos sólo a Dios, la uibuidad, como la omnipotencia o la omnisciencia. Se "conquista", y no se consigue por una gracia o donación divina. La técnica, la segunda piel de los humanos, ha permitido superar las limitaciones naturales del hombre y, con ello, acceder a experiencias que las limitaciones del cuerpo orgánico no posibilitaban.

Segundo. La tesis. "Materia", "espacio" y "tiempo" son tres categorías que, en la frase citada, pretenden englobar la totalidad de lo existente. Sería algo así como: si al mundo le restamos la materia, el espacio y el tiempo, ¿que queda? Nada. Es ésta la afirmación: en los últimos veinte años se ha transformado totalmente la experiencia de vivir en el mundo: nuestro habitar en el mundo se ha transformado porque se han transformado estructuralmente las condiciones que posibilitan este vivir en el mundo.

Tercero. Causas. Sería muy fácil decir que Paul Valèry se refiere a las revoluciones científicas teóricas ocurridas en la primera década del siglo XX, una veintena de años antes de que él escriba el ensayo. Para resumirlas en un solo hecho: 1905, el Annus Mirabilis de la física teórica, en que Albert Einstein publica los cuatro artículos en los que explicaba el movimiento browniano, el efecto fotoeléctrico y desarrollaba la relatividad especial y la equivalencia masa-energía. Ninguna de las tres categorías citadas en el punto segundo quedaba incólume a la revolución einsteiniana de la imagen del Universo que hasta aquel momento se había mantenido. Y en 1928 algunas de sus predicciones se habían ya observado experimentalmente. Aún así podemos pensar que Valèry se refiere más directamente a las grandes transformaciones ocurridas en el ámbito de la vida cotidiana (de la media de sus lectores). Las ciudades han sufrido en estas décadas profundos procesos de reurbanización, planificación, electrificación, saneamiento, etc. coincidentes con

Cuarto. Consecuencias. Se está viviendo en esos mismos momentos una transformación de la vida humana como, posiblemente, sólo la hubo cuando se descubrió la forma de hacer fuego a voluntad o unas cuantas parecidas. La imagen que servirá de leit-motiv a Walter Benjamin en su "Experiencia y pobreza", los soldados volviendo de la Gran Guerra sin nada que contar, muestra puede ser de duro el aprendizaje de las nuevas formas de vida modernas, en la que nuestros utensilios ya nos dominan. Pero no sólo la vida cotidiana ha cambiado, se ha electrificado, higienizado, urbanizado, masificado, vaciado,... sino que los supuestos más sustentadores se han derrumbado: aquello que aún quedaba fijo después de la debable de la Tierra en 1633, el espacio que pisamos y el tiempo que vivimos, ya no es fijo, es relativo. Para una época ávida de novedades, dónde la siguiente sirve de bálsamo a la herida al sentido común de la anterior, y preparada ya para lanzarse al dulce vacío de dejar de pensar, el poner en tela de juicio de forma tan radical lo más sacrosanto provoca una oleada de simpatía, estupor, admiración, todo ello reflejo de las necesidades psíquicas de las masas de aquél momento: un modelo (Einstein), absolutamente iconoclasta, absolutamente transgresor, intocable por algo que va más allá de la comprensión, que es pura magia (mito). Lo siguiente ya es Historia.

Quinto. Las imágenes en movimiento en una pantalla. El cine permite "congelar" la imagen. Algo así como anular el tiempo situándose fuera de él, tener una perspectiva de tercera persona respecto de él. No es esta una experiencia del tiempo que se tenga en la cotidianeidad, aunque sí, pero de una forma difusa, en los márgenes de esa cotidianeidad: cuando el cansancio, el sopor, la ensoñación nos vencen y, por unos momentos, nuestra imaginación subvierte las férreas leyes del espacio-tiempo terrícola. El cine es, en este sentido, una fábrica "igual que" los sueños, no "de" sueños. Otra subversión aparece por otro costado: ¿cuando, en su mundo cotidiano, habían visto antes los hombres imágenes en movimiento? Si la respuesta es negativa, entonces pregúntese: ¿cuántas imágenes, aproximadamente, vería un humano de media a lo largo de su vida? Esto en diferentes épocas históricas (el siglo VIII en la península Ibérica, por ejemplo).

 

Dos expresiones en la pantalla (con sus respectivos códigos incorporados) de experiencias de tiempo:

(1) Una obra, un anuncio televisivo de la marca Ausonia, que en 20 segundos presenta a una persona a lo largo de 40 años, aproximadamente. Por tanto una compresión de 2 años/seg (3153600/1). 

(2) Los últimos segundos de Men in Black (1997), desde Battery Place (sur de Manhattan, Nueva York) hasta Todo-el-Universo, en una expansión del espacio en la que lo cotidiano se disuelve. La comprensión es incalculable.
 
 

 
   
 

 



 
 2008.01.01    



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18/8/2008